A ver, la Bodega Sepúlveda de toda la vida. Los de jamón ibérico con esa clara crujiente que casi te crepita cuando la tocas con el pan. Vale unos trece euros creo, pero es de esos platos donde entiendes por qué el sitio lleva desde los 50 abierto. Dicen que Guardiola iba, yo no sé si iba pero cuando comes ahí te lo crees. Los de bogavante también los he probado alguna vez pero sinceramente el clásico se come solo, no hace falta más historia.